Simon Levy | Economía de la prosperidad
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Economía de la prosperidad

Economía de la prosperidad

A Humberto Mussachio

por la posibilidad de hacer del pesimismo,

la ilusión en la que hoy se ve envuelto el optimismo.

“Todas estas religiones profanas,

portadoras de esperanzas escatológicas,

se han extinguido.”

Gilles Lipovetsky

En la vida, las anomalías señalan el camino hacia nuevas verdades.

Lo pienso, mientras en la comodidad de la contemplación de una nueva mañana, veo más allá del vaporcito que rocía las ventanas de mi recámara. Al tiempo, millones de niños y de jóvenes empiezan a llenar el vacío del vientre urbano tras la búsqueda por entender la subsistencia de su existencia, y les cuesta trabajo entender cómo la geografía de la prosperidad en ésta, como en muchas ciudades de México, está tan sólo a la distancia de un código postal.

En la misma ciudad, hay niños que juegan con teléfonos celulares, preguntan sobre las Ipads, ya tienen blackberry, desayunan cereal, leche, huevos, jugo, mientras que en otras latitudes de la misma urbe, otros pueden jugar con libros para colorear, yoyos, o carritos de fayuca, desayunan si acaso, algo de leche o atole o un pan dulce y tienen que hacer proezas para comprar los gadgets que otros pueden tener con tan solo pedirlos.

Ello me hace recordar a José Woldenberg que acusa con maestría “no tenemos sociedades, sino una especie de archipiélago compuesto por diferentes grupos que reproducen su vida con escasos puentes de comunicación y contacto con el resto. Tenemos islas-sociedades muy fragmentadas, enfrentadas, dándose la espalda unas a otras”.

Detrás de mi ventana, aparecen en el imaginario millones de mexicanos que habitan esas islas. Muchos de ellos, sólo escuchan el clamor, la precariedad, la falta de oportunidades y cada día, mientras aumenta la matrícula de desempleados, observo la creación de una nacionalidad de héroes silenciosos que sobreviven al error económico en el que está sumido México. Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI señala que 13.9 millones de mexicanos trabajan en la informalidad, 6.2 en condiciones críticas, 4.2 están subocupados y 2.5 millones están desempleados.

Mi pensamiento está ahogado en una jornada de tiempo impactado por las cifras; detenido en el imaginario de colonias populares; barrios que subsidian su existencia con un optimismo irreverente de pobladores asfixiados por inviernos permanentes caracterizados por ofertas de limosnas y dádivas que evidencian sus magros márgenes de decoro y no obstante ello, siguen saliendo adelante.

La economía mexicana en los últimos 25 años, ha creado diversos estratos y clases: la sociedad de las etiquetas y los etiquetados, los que viven en la experiencia del consumo y los que aspiran a él, hipotecando la dignidad de su presente.

Un fantasma irreverente y frívolo se ha apoderado del raciocino y del móvil gubernamental: la religión de la ortodoxia totalitaria del mercado. Se adoctrina a la realidad, no es ésta quien alecciona a la doctrina. Parece que fuéramos laboratorio de políticas que tienen elasticidad para ejercer el libertinaje económico con un recetario de maniobras llenas de sentido numérico y poco entendimiento humano.

Según el Centro de Estudios de Negocios y Economía del ITESM, Campus Estado de México, a lo largo de este sexenio la economía ha crecido únicamente 1.5% en promedio anual, siendo los servicios el sector más dinámico con 2.3%. La industria no ha llegado ni siquiera al punto porcentual 0.9%.

Impera el reino de las transacciones de los monopolios, del crecimiento económico transnacional- de por sí- mediocre pero no de la conciencia de emprendimientos y de una evolución social.

Reina el proletariado de los instructores pero faltan los alumnos educados. Convive el marketing de una realidad fantaseada de un gobierno alienado, perdido en la galaxia de la pleitesía y del culto a la soberbia. Sí, un gobierno que privilegió una estructura basada en el flujo de amistades-relaciones, sobre el tránsito de liderazgos basados en la evolución de las capacidades reales.

Vivimos una especie de apartheid creativo donde reina el mercadeo de la apariencia; donde la clase económica y la cartera de conexiones intentan aplastar el ánimo individual; la destreza del emprendedor, la lucha individual de superación social.

Todo parece tener una etiqueta, ya sea geográfica, política, económica o de lifestyle, que nos dibuja como eslabones perdidos condenados a una geografía de vecindad común.

Sin embargo el hartazgo no sólo tiene poder de acumulación, sino de sublevación. Se enfrenta el error económico frente a la ganancia de dinastías beneficiadas de la membresía del lado amable del horror económico. Las tonalidades de las clases medias -ésas que no pueden vivir con seis mil pesos mensuales- parecen seguirse extinguiendo pero son ellas quienes no están dispuestas a ver cómo sus vidas se erosionan fácilmente.

Por todas estas razones y antes de que el caos tome forma irreconciliable, considero que el eje transformador de una realidad que de un margen de maniobra para una existencia más amable, radica en la ingeniería de una economía que logre crear prosperidad individual y no sólo crecimiento económico.

Una economía multidimensional, que entienda los nuevos ejes de la psicología social y de los motivadores de la inversión en el mundo, que sea la plataforma para entender la nueva demografía de la creatividad desarrollada por universitarios, jubilados que tienen mayor esperanza de vida, mujeres ejecutivas; todos nuevos emprendedores -por razones de necesidad más que de voluntad- amplifiquen la prosperidad de sus esfuerzos individuales en realidad colectiva.

Una economía que tenga menos políticas compensatorias y más estrategias transformadoras. Un Estado que cree inteligencia de planeación industrial, no una suerte de improvisación comercial.

En medio de todo ello, el mapa de los motivadores globales expande la competencia que viene desde territorios desconocidos con el esfuerzo de apretar un solo botón del computador y así logran volverse competencia real de cualquier empresa local.

Y sin embargo, seguimos anclados en una sociedad clientelar que, en mucho, depende del presupuesto gubernamental para avanzar y crecer. Empresarios-inversionistas que esperan tasas de retorno de los puestos públicos, intelectuales de turno, estrellas de sexenio.

Los partidos políticos en lugar de financiar el futuro, financian recursos a los personajes y las estructuras de su pasado. Por eso nuestro país pierde el sentido hacia la necesidad de una renovación estratégica.

Necesitamos una economía que, por el bien de todos, sepa crear y no asignar el capital. No quitándole al que tiene, sino incentivándolo a invertir en los que menos poseen. Una economía basada en la competitividad, no en el privilegio del subsidio, ni en el subsidio de la incompetencia y de la protección.

Una economía que no proteja, pero que sí garantice plataformas para ser competitivos. Una economía que no cierre fronteras, pero que al abrirlas, no nos condene a ser una servidumbre de paso.

Esto no puede ser logrado, sólo por un hombre o un candidato, ni será él quien cambie el destino de México. Insisto, la grandeza de un país no se decreta, se construye, y por ello, sólo una nueva arquitectura de instituciones impulsada por una ciudadanía que entienda que la democracia no se ejerce un día con el voto popular, sino con la coparticipación permanente.

Debemos hacer que las fuerzas de la globalización y del mercado internacional sirvan para detonar el crecimiento interno, preparándonos con jóvenes que puedan producir lo que la realidad demanda y no lo que oferta sus deseos. El reto está en tener a un Estado eficaz que deje al mercado funcionar, pero que éste no determine su movilidad. No puede existir planeación colectiva donde predominen los intereses individuales.

¿Cómo impedir que las creencias obsoletas obstaculicen la renovación estratégica de nuestro país?

Las ideas nuevas son peligrosas, especialmente para quienes tienen intereses creados en el orden establecido. Pero la renovación, ya no es un asunto en discusión, sino la rapidez con la que ésta puede ocurrir.

Los jóvenes no debemos conformarnos con las promesas de lo establecido, tenemos que irrumpir con respeto inteligente, con revolución creativa y actitudes que, con pequeños detalles, transformen esas realidades que se crean como escenarios rentados a estratos que potencian sus intereses.

No es posible dejar en la orfandad nuestros deseos individuales y nacionales entregándolos a líderes sin conciencia que buscan la renta de los privilegios temporales de un cargo para satisfacer sus demandas de existencia permanentes.

El tono azul de cielo va poblando la mañana. Entonces me pregunto con obsesión: ¿Procrearemos un entorno de prosperidad o un escenario económico desolador de horror económico? Sólo la auto reinvención puede lograr lo primero. ¿Crecerán los niños con armas de juguete, o con una imaginación que los inspire a volverlos ciudadanos de bien?

Para responder estas incógnitas debemos abandonar el culto a la culpa, la regencia del victimado e impulsar el verdadero deseo y la eficacia de la transformación para que la respuestas a ellas puedan ser una realidad.

En un país donde el 29.3 % de la población tiene menos de 14 años, que equivale a 32 millones 914 mil menores de edad según el INEGI, 15.8 millones de niños sobreviven en la pobreza –4 millones en pobreza extrema–, México concentra el 18% de toda la población infantil pobre de América Latina (Cepal y OCDE).

En nuestro país, 4 de cada 10 niños son pobres.

Ante esto, ¿seguiremos fabricando niños que formen las listas de las estadísticas del error económico? ¿Crearemos pedagogía del futuro o psicología con conciencia de las necesidades de su presente?

Si las preguntas que me planteo tienen al menos una resolución favorable, más allá de la indiferencia, considero se podrá transitar hacia el ejercicio eficaz de una ilusión que da como resultado un hecho que se crea, no uno que se espera.

Otras ideas

  • La economía de la prosperidad se basa en valores, no solo en estimaciones estadísticas. En conciencia, en moral, en psicología social.
  • En una economia de prosperidad los procesos productivos no ensamblan producto con materias primas; desarrollan valor, técnica e innovación.
  • Detras del telón de una economia de prosperidad hay una infraestructura intangible de conocimiento que crea la estructura tangible.
  • Eliminar pleitos privados trasladados a la agenda nacional; crear eficacia económica con sentido social para una economia de prosperidad.
  • Mexico tiene animo de grandeza, pero requiere de cortos plazos eficaces para crear largos plazos de prosperidad.
  • La prosperidad es el arte de la economia;la arquitectura de la ingeniería social del crecimiento economico.
  • Los grandes cánceres de la prosperidad son los monopolios que concentran como los subsidios y clientelismos que entorpecen.
  • La autopista de la prosperidad” Espero sea de su interés mi nota, es un tema que me apasiona.
  • Los derechos económicos, el progreso social y la prosperidad: elementos que imprimen velocidad al desarrollo de un país.
  • La materialización de la prosperidad radica en hacer alcanzables las oportunidades de desarrollo no entregar dádivas que matan la capacidad.
  • La prosperidad es el indice de eficacia donde el desarrollo económico se vuelve evolución al bienestar.
  • La prosperidad solo se conquista con eficacia precisa y disciplina en la aplicación que aterrice a actos, los valores del progreso social.
  • La economia de la prosperidad se basa en valores, no solo en estimaciones estadísticas. En conciencia, en moral, en psicología social.
  • Economia competitiva y prospera: disminución de costos de transacción,costos de producción,especialización geográfica,educación bajo demanda.
  • Hay que pasar de la trasnacionalización de las grandes empresas a la microglobalización de las pequeñas. #economiaprospera
  • La prosperidad económica regenera el tejido social, el crecimiento económico lo separa. No es una diferencia lingüística, es realidad.
  • Como empresas y como Estado, es conveniente por el bien social crear ambientes de prosperidad y no clubes de rentabilidad.
  • Es increíbles como la tecnología puede crear tanta prosperidad e igualdad y las economías hoy conducen a crisis y desigualdad.
  • Muchas veces,el sentimiento y la psicología de la prosperidad;de que crecer y ser mejor es posible,es la gasolina que transforma la voluntad