Simon Levy | La autopista hacia una evolución social
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La autopista hacia una evolución social

La autopista hacia una evolución social

“Nosotros los de entonces, ya no somos los mismos…

y nosotros nos encontramos los mismos pero diferentes…”

Pablo Neruda

Frecuentemente recuerdo por una frase de Jean Baudrillard que a continuación les comparto, mi caminata diaria por Van Alkemadelaan (la avenida que desemboca a Scheveningen, una de las playas más festivas que visité durante mi paso por Holanda):

“El producto del que hay más demanda hoy, no es una materia prima, ni una maquina, sino una personalidad.”

Ser hoy un individuo es el primer paso para ser libres. Si es que todavía podemos serlo.

Tener una personalidad nos individualiza y nos dignifica ante el concepto de masas en el que la macroeconomía global pretende convertirnos. Ser un individuo, mentalmente hablando, es el primer paso para aspirar a ser próspero; sin embargo, antes nos es necesario adaptarnos a esta especie de caos o ciencia-ficción que nosotros mismos hemos creado.

Sí, estoy seguro que esto es muy complicado, considerando que el mapa de nuestra personalidad es multidimensional y porque la brújula de nuestros deseos nos hace estar atados a los contextos y emociones generados por la atmósfera de experiencias que vivimos.

Para liberarnos de esta esclavitud, no solo debemos evitar depender de nuestros deseos. Mi padre me enseñó que en la civilización que vivimos, no hay peor sumisión que la dependencia económica y los miedos.

Espero que después de haber leído estas líneas, puedas darte cuenta que en medio de toda la adversidad económica actual, nunca antes se habían dado las condiciones para conquistar la prosperidad.

Ser próspero, parte de preguntarnos si realmente estamos siendo felices con lo que hacemos y cuánto valor le damos a eso que hacemos.

Carlos Alazraki, el famoso mercadólogo mexicano, diría que el único objetivo de la existencia es consumir felicidad. Creo que vale la pena ser generadores de felicidad para poder consumirla, pues ésta es un bien que se hospeda en nuestro interior.

Ary Kahan, un empresario por accidente y un pensador y benefactor por genética, sembró en mí el fundamento de mi felicidad cuando me enseñó que ésta se da cuando se procura el bienestar para sí y los demás.

El ser humano ha podido crear herramientas tecnológicas con altísimas repercusiones sociales, desafiando a la estructura de la gran empresa por medio de la acción colectiva y de la afinidad, en lugar de la conveniencia.

Con este escenario, se vuelve más fácil alcanzar la prosperidad; tenemos el privilegio de escalar con más rapidez las circunstancias sociales y humanas y subirnos a la motocicleta de las conciencias inteligentes que basan su modernidad en el bienestar social y en el respeto al prójimo.

Uno de mis más grandes motivadores y quizá mi mensaje principal para escribir este libro a lo largo de tres años, ha sido mostrarte cómo se puede crear prosperidad individual en estos tiempos. Esto puede ser logrado porque en la globalización las tendencias y las dinámicas individuales crean inercias con efectos colectivos. Es decir, lo que uno hace, crea estilos que les benefician o perjudican a los demás, sin importar donde estemos.

Somos entonces, los responsables individuales de crear sociedades prósperas.

Lo creo, porque tengo la firme convicción de que la prosperidad no radica en el capital, ni en el financiamiento, sino en la capacidad y en la responsabilidad creativa de generarnos felicidad y siendo, con curiosidad valiente, hombres y mujeres dispuestos a conquistar y conquistarnos a nosotros mismos.

Hemos salido muy accidentados del puente del liberalismo al libertinaje económico; pero quiero que este libro te ayude a tomar perspectiva del horizonte humanista internacional, para que observes cómo pasamos de una geografía a una atmósfera para hacer negocios. Los límites se volvieron viento. Tienes que ser creativo y ayudarás a que desaparezca la crisis global, socializada por la irresponsabilidad de grupos sin escrúpulos.

Es claro, la tecnología puede y está siendo parte del enchufe de nuestras vidas y de nuestro bienestar. Como vimos, la rentabilidad y el ganar dinero ya no se basan necesariamente en el tamaño de una empresa ni en el volumen de operaciones que maneja; depende de que tan conectado estés a las oportunidades que está generando el mundo y qué tan rápido puedas ejecutar lo que piensas para que el momento que buscaste y encontraste, no se haya perdido en el firmamento del tiempo.

Quiero transmitirte que somos verdaderos conductores sociales de emociones; contextualizamos nuestras circunstancias y nos creamos nuestras propias formas de superación.

Por eso, en la medida que entendamos que han cambiado nuestros motivadores y que los miedos son los frenos que nos impiden ser prósperos, nos encaminaremos a nuestra renovación mental, a la chispa, a la magia de la vida, para renacer y dejar de ser esclavos de nuestro establishment mental, sabiendo que nuestro yo y nuestro ego, son la primera aduana que hay que sortear.

A lo largo de mis treinta años, no hay mejor aprendizaje que me haya dado paz interior, al entender que el ego aniquila la grandeza del hombre, es la ceguera que nos impide mirar la vida en su contexto real y saber que en nuestra insignificancia (como infinitas manifestaciones de un Ser Universal) y en la humildad, podamos desarrollar nuestras capacidades de transformarnos para crecer.

Hay un pequeñísimo momento, particularmente energético y definitorio en la vida del ser humano, cuando a su pensamiento acude la necesidad de decidir, pausada aunque velozmente, el inconsciente rumbo que va a tomar el mapa de su existencia.

Estoy convencido que las latitudes de la prosperidad en el mapa de tu existencia y en nuestras vidas, las alcanzaremos en la medida en que logremos crear afinidad por aquello que deseamos ser y no sólo por lo que buscamos tener.

La mesura, la austeridad, la ética y la responsabilidad social, verdaderamente no son íconos cosméticos; representan elementos para formar conciencias empresariales y gubernamentales avanzadas; crear emprendedores que dirijan empresas y redes de negocios con una estructura mental capaz de razonar y entender que en la socialización del bienestar está la más intima garantía de la seguridad individual y corporativa.

Estoy seguro que debemos conducirnos rumbo a una era que propicie la socialización de los beneficios del conocimiento, del dinero y, en consecuencia, de la prosperidad; éste será el nuevo aparato de seguridad de los Estados.

Preparémonos entonces para ser responsables y libres, si es que tenemos la valentía de serlo. Créame que no muchos desean y pueden ser libres y felices.

La era de la prosperidad debe ser creada por nuestra generación y es un puente para ser mejores y más prósperos; ahora podremos dar cuenta que la felicidad es un derecho natural por la que optamos desde nuestro interior y no un privilegio moral que se conquista desde el exterior.